Me pregunto: Por qué nos dañamos con tantos pensamientos, por que dejamos que ellos nos llenen de dolor y tristeza, que nos agobien y nos derrumbe?
Así, tan solo así me he sentido pensando en tantas cosas, dando cabida al menosprecio y baja autoestima por no ser aceptada, por no dejarle a Dios actuar en mi vida como el quiere, así, así viví mi segunda semana del mes de abril, pensando en que sola estaba, pensando que a nadie le importaba, creyendo que la una de las personas que mas admiro había dejado de confiar en mi y que ya no era de su agrado y por eso me sentí menospreciada, con baja autoestima, hasta el punto de sentirme culpable del por que no se acercaban a mi, por que pocos personas se dirigían a mi para conversar y mas con los jóvenes a los cuales dirijo, el personal de trabajo donde laboro,. Triste pero esto era la peor semana de mi vida, eso creía yo, eran los días en los cuales quería dejar todo pero guardaba la esperanza en que Dios algo haría y me ayudaría, no me sentí en paz conmigo misma, no tenia ganas de seguir porque me sentía culpable de que por mi forma de ser nadie quería estar a mi lado, en ese momento muchos pensamientos me turbaron, pensando que ni siquiera un hombre podía fijarse en mi, me sentí que ya Dios no tenía ningún hombre preparado para mi y que quizás yo iba a quedarme soltera, cosa que no quiero porque a veces siento la necesidad de sentirme amada, querida, protegida, que en momentos triste un hombro esté presente para apoyarme, un oído que me escuche cuando necesite hablar y expresar como me siento, y tal vez pensará usted, para eso esta Dios, y si tiene razón pero esto no quiere decir que con Dios vamos a comer un helado, vamos a salir agarrados de la mano, a él le voy a besar, pues no, eso solo puedo hacerlo con un ser humano, con un hombre, porque tengo el deseo de ser esposa, de ser madre, de formar una familia y si esos son mis deseos, pero he visto mi edad y pienso si todavía estoy a tiempo. La soledad no es mala pero a veces hace daño en tiempos difíciles.
No quiero dejar de creer en Dios, no quiero poner en duda sus promesas, no quiero ser la persona que he sido, no quiero alejar de mi vida a las personas que quiero, por mi actitud, por mi mala forma de ser. Le pedí perdón a Dios pero también le pido ayuda para no ser tan seria, el ser muy callada cuando debo hablar, el no responder de mala manera y ser muy mansa.
Que Dios me hable siempre de la espera ha sido la fortaleza, esperar en Dios y aunque no vea nada sigo esperando.